Hace unos años vine a estudiar a Barcelona, una ciudad que me enamoró, las calles, los edificios y, sobretodo, su gente. Hacía cinco años que no pisaba la capital catalana pues soy de Salamanca y trabajo en Madrid, pero con los amigos de estudios decidimos pasar unos días en la Ciudad Condal.

 

Fue hace nada, hablando con un amigo, mientras los otros no se presentaban, que descubrí La Suite Barcelona, un nuevo local de escorts de lujo. “Tenemos que ir esta noche” me dijo mi amigo, “es una pasada”. Me comentó que el local era nuevo y que era lo mejor que había probado en su vida.

Fuimos a cenar y a tomarnos unas copas. Entre risas, bebidas y más risas, nos acordamos todos de nuestras experiencias pasadas, de como nos gustaban las chicas de aquí y lo ligones que éramos. Recordando estas historias, todos se mofaron de mí al recordar una en que casi me voy a la cama con una rusa espectacular.

 

Al principio me reía, pero todos se cebaron por lo inocente que fuí, ya que no me acosté con ella, y el tema empezaba a cansarme. Me fuí a fuera del local a fumarme un cigarro, a lo que mi amigo me siguió y me dijo: “También hay rusas donde te he comentado antes, podrías quitarte el gusanito”.

 

“Estás loco” le dije. ¿Sí?. Ahora veo que era un visionario. Pasaban las horas y la cabeza sólo podía pensar en sexo. Saqué el móvil y vi las escorts de La Suite Barcelona en su página web. Me terminé la copa y me fuí.

 

Encontré el discreto local, muy bonito y elegante y tras unas preguntas y un buen servicio les dije mi deseo, follarme a una rusa. Me presentaron a la rusa más pivón que he visto en mi vida. Rubia, alta, con unos tacones de infarto y un vestido blanco ceñido con transparencias que me quitó todo mareo de golpe. Me puse cachondo enseguida. Me dijo algo que aún no entiendo, sería ruso, a lo que me cogió la corbata y me empujo dentro de una habitación.

 

Una vez dentro preparó unas copas, yo le ofrecí mi mano para coger una y contestó: “Son para mí, tú ya vas lo suficiente borracho”. Se las bebió de golpe y me preguntó si estaba preparado para la mejor noche de mi vida. Me quitó los pantalones y me tumbó en un cómoda sofá. Empezó a besar mi polla con una suavidad extrema, me dejé llevar por mis instintos y la agarré por la cabeza, algo que me pone muy cachondo. Estaba dura como una piedra, era la mejor mamada del mundo. Se sacó el vestido mientras me la chupaba y me miraba con sus grandes ojos azul cielo. ¡Qué guapa por dios! Y que pechos… Me quedé alucinado.

 

“¿Quieres meter tu polla entre mis tetas?”. Sabía perfectamente lo que yo quería. Empezó a hacerme una paja con sus pechos mientras me daba besos a la punta de mi polla, ella sonrió, se levantó y me mostró su hermoso trasero, perfecto, como una cereza fresca.

 

Empecé a darle, cada vez más fuerte, era impresionante, no tengo palabras, ¡cómo se movía la rusa…! Gritabamos como animales a lo que ella se aparta, me tumba en la cama y empieza a correrse con un enorme squirt sobre mí. Jadeaba y sudaba. Me miró con una cara que aún no se describir, una mezcla de cansancio, placer pero a la vez nada saciada. Quería más. Y yo también puesto que no me había corrido.

 

Se puso encima mío y empezó a cabalgar. Era una fiera indomable, se movía como una auténtica fiera mientras me decía cosas en ruso a lo que yo sólo asentía con la cabeza y gritaba. “¿Te gustaría correrte encima de una rusa?”

 

Ya estaba, eso me puso a punto, ya estaba casi. Reaccioné rápida, ta empotré contra la pared, se agachó y me corrí, pintando de blanco todos sus pechos y parte de su cara, gritando como nunca, disfrutando como jamás lo he hecho en mi vida.

 

Fue impresionante, tanto que nos quedamos los dos tumbados un rato charlando. Sin duda mi mejor experiencia en Barcelona y también en el mundo. Este local seguro que triunfará por si solo.